Café del Pombo
La que yo mismo bauticé como generación del 98 fue la primera de las tres (98,14 y 27) que darían la gran época de esplendor a las tertulias en los cafés. Al principio no eran fijas, sino desenfadadas y espontáneas y a ellas acudían personajes como Valle-Inclán (que perdió una mano en una disputa en el café de la Montaña con Manuel Bueno), Rubén Darío, Unamuno, Benavente, los Machado, Alberto Insúa y yo mismo. Los más concurridos eran el Café de Madrid y el Nuevo Café de Levante; entre los últimos años del XIX y hasta el año 1914 fue centro de reunión de las figuras más consagradas, los escritores caídos en el olvido y las jóvenes promesas. Segun Valle-Inclán: "El Café de Levante ha ejercido más influencia en la literatura y en el arte contemporáneo que dos otres universidades y academias"
¡Qué diría ahora si levantara cabeza de las nuevas formas de relacionarse de nuestros jóvenes! Ahora se citan y conversan a través de unos sitios llamados "redes sociales" y si no estás en una de ellas, es como si fueras un ermitaño.
Además es muy curioso ver como las personas con intereses comunes, crean y participan en una especie de diarios personales, pero abiertos al público, que se denominan bitácoras. Pues bien, a mí estos espacios en los que la gente conversa sobre temas culturales, artísticos o de actualidad, me recuerdan mucho a las tertulias en los cafés, aunque sin el humo y el vocerío que en ellas se armaba. Sin embargo este nuevo sistema te permite conversar con gente de cualquier parte del mundo, de un modo sorprendente y mágico.
Yo me encuentro cómodo en esta forma de escribir, concisa y breve, pues como ya le dije en una ocasión a Francisco Umbral, yo soy hombre de un solo folio.

Lo que sí han hecho los blogs es cambiar el mundo literario. Los blogs han resucitado las antiguas tertulias de principios del XX, como la del café Pombo, y están configurando microespacios culturales donde escritores, críticos y lectores charlan sobre sus gustos literarios, comentan novedades, y, puntualmente, ponen a caldo a otros escritores. En fin, lo que viene siendo la vida literaria desde que Simmias asiera el cálamo.
ResponderEliminarVicente Luis Mora. Revista Mercurio nº87